quarta-feira, 21 de maio de 2008

Táctica ofensiva (5ªparte)

As alterações ao regulamento a que se refere o autor, têm uma relação evidente com o andebol sobretudo no que respeita à lei do jogo passivo e à reposição após golo, que aumentou o número de ataques por jogo e obrigou a uma atenção especial às fases de transição.
Cambios en los sistemas de juego en los últimos años
Varios cambios reglamentarios, especialmente a partir del año 92 han condicionado los sistemas de juego de ataque y defensa. La aparición de la línea de 6’25 supuso una apertura de las defensas, que mejoró además de la espectacularidad de los lanzamientos de 3 puntos, el juego exterior al haber mayores espacios de penetración, y también el juego interior. Pero especialmente la disminución del tiempo de posesión a 24 segundos (que ha supuesto disminuir más de 6 segundos los ataques pues en este tiempo el balón ya debe haber tocado el aro), ha supuesto una pequeña gran revolución en los ataques.
Numerosos equipos se plantean presionar al base contrario en todo el campo, simplemente por la disminución del tiempo de ataque estático que supone. Todo ello supone que los sistemas tradicionales basados en un alto número de combinaciones (cortes, bloqueos, etc.), incluso que acababan por un lado y volvían a empezar en el mismo ataque por el otro, prácticamente han pasado a la historia. Por no hablar de lo qué ha supuesto para las funciones de los distintos puestos específicos y concretamente para el perfil del base.
La evolución del juego nos lleva a combinaciones no excesivamente complejas, pero bien aisladas y de las que los jugadores deben saber sacar el mejor partido, teniendo diferentes posibilidades de decidir en función del tipo de defensa realizado por el equipo contrario. Un sistema no puede encadenar más de tres o cuatro combinaciones como máximo, porque no hay tiempo material para ejecutarlas, por lo que todos los jugadores deben estar más predispuestos a culminar cuando la ocasión se presente.


El juego libre con culminación determinada
El juego libre con culminación determinada, se trata de un buen sistema de juego de progresión hacia sistemas semilibres. Se trata de un juego libre (orientado a acciones colectivas), en el que introducimos un estímulo o discriminativo preestablecido y conocido por todo el equipo, que supone la realización de una combinación táctica de grupo determinada que debe conducir a una culminación en función de la defensa del equipo contrario.
Ello significa que el equipo inicia su ataque estático con el juego libre, y en el momento que se produce o aparece el discriminativo (de forma aleatoria, lo provoca un jugador, o incluso se indica abiertamente) provoca una situación ofensiva que todos los jugadores saben ejecutar.
¿Qué tipos de discriminativos se pueden utilizar?, así como en sistemas estructurados normalmente se utilizan gestemas (señales con la mano realizadas por el base, colores, números,…) fácilmente identificables por el equipo contrario, en este caso permite la utilización de praxemas, es decir, situaciones de juego determinadas (por ejemplo, en el momento que el alero pase al poste arriba, o cuando el base realice un corte vertical tras pasar el balón al alero) esta señal, permitirá no solo ejecutar la combinación preestablecida, y que permite ser entrenada de forma minuciosa con todas las posibilidades defensivas posibles; sino que permite crear responsabilidades de rebote y balance defensivo porque sabemos que en poco tiempo va a darse la situación de culminación. Es decir, permite anticipar la fase de juego posterior, aspecto de vital importancia incluso en categorías de formación.
En equipos de formación, seremos muy progresivos utilizando combinaciones conocidas de sobras, entrenadas y utilizadas durante sistemas de juego libre. Y un equipo de alto rendimiento se puede permitir utilizar combinaciones de gran complejidad de sincronización, con participación coordinada de mayor número de jugadores y un mayor número de posibilidades, en función del nivel táctico y comprensivo de los jugadores. Incluso permite preparar combinaciones específicas para partidos concretos. Una máxima en todos los casos, es que más vale poco bien ejecutado, que pretender correr demasiado y que no salga nada.
Permite organizar el juego colectivo, sin menguar la creatividad de los jugadores, propia del juego libre. También permite un nivel de especialización de acuerdo con las características de nuestro equipo o categoría. Y sigue siendo igualmente importante leer la defensa durante la situación de juego.
El entrenador puede calibrar la frecuencia con la que desea jugar abiertamente libre, o utilizando las culminaciones preestablecidas, con la ventaja de que el tipo de discriminativo que se da, y la menor frecuencia de aparición de combinaciones, hace especialmente difícil la observación por parte del equipo contrario.
Al igual que el juego libre, permite jugar con un jugador interior variable, con dos, tres o con éstos puestos específicos ocupados por interiores fijos.
¿Cuándo podemos introducir este sistema de ataque? La respuesta sería, cuando el juego libre se nos quede corto. Pero debemos tener en cuenta que utiliza combinaciones tácticas de grupo, lo cual significa que estos contenidos deben haber sido desarrollados en los entrenamientos, y puestos en práctica en nuestro sistema de juego libre, como mínimo durante unos meses. Esto nos permitirá en una etapa posterior estructurar nuestras posibilidades de culminación.

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